Un carro ritual de bronce único de hace 2.500 años arroja luz sobre los lazos entre Tarteso y otras civilizaciones mediterráneas

24 jun 2026

El objeto hallado en el yacimiento del Turuñuelo de Guareña conserva una decoración con varias figuras mitológicas. La octava campaña de excavación del edificio monumental del siglo V antes de nuestra era ha desenterrado también centenares de marfiles

Los arqueólogos desentierran un carro ritual de bronce en el yacimiento tartésico del Turuñuelo de Guareña (Badajoz).IAM-CSIC

“Hemos buscado por tierra, mar y aire, y no hemos encontrado nada igual”, explican los arqueólogos del CSIC Esther Rodríguez y Sebastián Celestino sobre el carro de bronce que acaban de desenterrar en el yacimiento tartésico del Turuñuelo de Guareña, en Badajoz, donde se está excavando un impresionante edificio monumental de hace 2.500 años. Se trata de la mitad de un carro votivo, es decir, usado para algún tipo de ceremonia o ritual, que conserva perfectamente reconocibles, en los laterales, las figuras de dos grifos (animales mitológicos mitad león, mitad águila, cuyo origen se puede rastrear hasta al Antiguo Egipto y Mesopotamia); en la parte frontal, un Aqueloo (el dios del río del mismo nombre, uno de los más antiguos y poderosos espíritus de agua en la mitología griega) y tiene dos figuras más, probablemente dos atlantes, que sujetan el conjunto.

Detalle de uno de los grifos (animal mitológico mitad león, mitad águila) del carro hallado en el yacimiento del Turuñuelo de Guareña.IAM-CSIC

El yacimiento del Turuñuelo, codirigido por Celestino y Rodríguez, representa uno de los vestigios más completos y mejor conservados de la cultura tartésica, que dominó el suroeste de la península Ibérica durante la primera mitad del primer milenio antes de nuestra era. De allí han emergido, por ejemplo, los restos de cinco bustos de piedra de tamaño casi natural que han dado un vuelco al estudio de Tarteso al ser las primeras esculturas halladas en este contexto.

Sobre el carro de bronce, presentado hoy junto a los resultados de la octava campaña de excavación del yacimiento, continua Rodríguez: “Hemos localizado algunos en Etruria, como el del museo de Orvieto, pero son muy diferentes al del Turuñuelo, salvo en la estructura: una plataforma de bronce macizo sobre ruedas. Hay algunas fuentes que hablan de este tipo de carros votivos, pero es la primera vez que lo vemos”. Así, posiblemente transportado desde Etruria, con un sistema de eje central fabricado en hierro que permite girar las ruedas y un contorno con un cordaje decorativo, el carro presenta elementos únicos. Por ejemplo, el faldellín que lucen las figuras que sostienen el conjunto y que retrotrae al mundo egipcio. O el hecho de que la divinidad fluvial —presente en la cultura griega de la época, pero también en Etruria— esté sacando la lengua.

“Por eso al principio pensamos que era una gorgona [las terroríficas deidades del inframundo], pero no lo es, porque tiene cuernos. Hasta ahora, de hecho, no había aparecido ningún Aqueloo con la lengua fuera. Guiomar Pulido [otro miembro del equipo de la excavación] cree que puede ser una especie de hibridación entre un Aqueloo y una divinidad del inframundo, por esa expresión un poco dionisiaca”, añade la arqueóloga.

Detalle de la figura de un Aqueloo en el carro hallado en el yacimiento tartésico Turuñuelo de Guareña (Badajoz).IAM-CSIC

Lo que parece claro es que el carro se usaba en algún tipo de celebración religiosa o ritual. “Seguramente, para hacer unas brasas en su interior o quemar alguna resina aromática”, aporta Celestino. Mientras las costumbres religiosas de Tarteso siguen siendo uno de los misterios por desvelar de la fabulosa civilización peninsular, el recién hallado carro de bronce vuelve a vincular este espectacular edificio con liturgias de tradición griega, como ya lo hizo la columna de mármol hallada en la campaña de 2025 y que correspondería a un altar, y lo hacen también las asas que han aparecido este año que, muy posiblemente, pertenecerían a un podanipter, una especie de palangana que se utilizaba para lavarse los pies.

“Son dos elementos que normalmente viajan juntos y que suelen estar relacionados con ritos nupciales”, explica Rodríguez. “Quien viviera allí tenía que saber para qué servía todo eso”, añade Celestino sobre la posibilidad de que en ese gigantesco palacio —donde seguramente se simultaneaban funciones políticas, administrativas y religiosas— viviera un griego o una griega. Lo cual enlazaría perfectamente con las teorías que hablan de la tradición de matrimonios mixtos entre indígenas y colonos llegados desde otros puntos del Mediterráneo, y de las relaciones comerciales de Tarteso en torno al siglo V antes de nuestra era con las colonias griegas del Levante peninsular.

Carro de bronce hallado en Casas del Turuñuelo después del trabajo de restauración.César Hernández (CSIC)

Pero para poner esto en contexto hay que explicar el origen y la evolución de Tarteso. La teoría más aceptada dice que esta cultura nació de la hibridación de los indígenas con los colonos fenicios que se asentaron en el sur de la península en el siglo IX antes de Cristo, atraídos por el comercio de minerales, sobre todo plata, oro y estaño, que abundaban en estas tierras. La alianza habría sido tan productiva que Tarteso se convirtió pronto en una floreciente civilización cuyo centro se hallaba en torno al Guadalquivir, entre lo que hoy es Sevilla, Huelva y Cádiz. Pero cuando este núcleo central entró en decadencia hacia el siglo VI antes de nuestra era, el protagonismo lo tomaron las zonas fronterizas del Valle medio del Guadiana, en la actual Extremadura.

Esta zona, a su vez, sufrió algún episodio a finales del siglo V que hizo que sus habitantes destruyeran completamente, incendiaran, enterraran y abandonaran los lugares donde vivían. Distintos yacimientos muestran ese proceso, cuya causa es todavía un misterio. En el caso del Turuñuelo de Guareña, aquella destrucción significa que los hallazgos del yacimiento aparecen en trozos pequeños y desperdigados —los arqueólogos tienen esperanza, por ejemplo, de encontrar la otra mitad de carro de bronce—, pero también que lo hacen en un estado de conservación excepcional, gracias a que han permanecido todos estos siglos resguardados por la capa de arcilla con la que sus habitantes cubrieron todo antes de marcharse.

Los arqueólogos trabajan con el caldero de bronce hallado en la octava campaña de excavación del yacimiento tartésico del Turuñuelo de Guareña (Badajoz).IAM-CSIC

Así, en esta octava campaña de excavación —presentada hoy en la sede central del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)— junto al carro de bronce —limpiado y restaurado por el Servicio de Conservación, Restauración y Estudios Científicos del Patrimonio Arqueológico de la Universidad Autónoma de Madrid— han aparecido otros hallazgos destacables. Por ejemplo, dos braseros, un caldero de bronce y varios centenares de fragmentos de marfil: “Hay animales, flores de loto, personajes, guerreros con sus lanzas y demás…”.

Con casi la mitad del yacimiento aún por desenterrar, los siguientes son algunos de los hallazgos más importantes que han emergido hasta ahora:

Esculturas tartésicas halladas en en yacimiento arqueológico del Turuñuelo de Guareña, en Badajoz.Samuel Sánchez

Las caras de Tarteso: Estos fragmentos de los rostros de cinco personajes (dos de ellos, casi completos) son las primeras esculturas halladas de esta época. Uno lleva una trenza de guerrero, símbolo de transición hacia la edad adulta muy común en la protohistoria de la península Ibérica. Otros dos lucen unas arracadas amorcilladas, un tipo de pendientes exactamente iguales, casi del mismo tamaño, que los encontradas en yacimientos cercanos de la época. De una belleza y una calidad artística comparable a la de las mejores obras que se producían en aquellas fechas en Grecia o en Etruria, han dado un vuelco a la investigación de Tarteso, que se creía una cultura anicónica, y de toda la historia del arte en el Mediterráneo de la protohistoria.

Imagen de archivo de dos de las joyas desenterradas hasta ahora en el Turuñuelo de Guareña: la escalera monumental y los restos del sacrificio de más de medio centenar de animales.Carlos Carcas

La hecatombe bíblica: El hallazgo de los huesos de 42 caballos, 4 vacas, 4 cerdos y 1 perro desperdigados por el patio del edificio representa la primera prueba de una hecatombe animal de tamaño comparable a los holocaustos religiosos descritos en el Antiguo Testamento y la Ilíada. La escena está completamente teatralizada, así que la colocación de los animales responde a un orden: los équidos, por ejemplo, aparecen siempre por parejas, muchas veces con la cabeza o el cuello cruzados. El sacrificio está relacionado con los rituales en torno a ese final violento del edificio.

Infografía que señala el abecedario inscrito en la tablilla de pizarra de 2.500 años de antigüedad hallada en el yacimiento tartésico del Turuñuelo de Guareña, en Badajoz.

Una tablilla con el abecedario: De pequeño tamaño (20 por 20 centímetros), tiene dibujados con algún instrumento punzante, por un lado, varias caras distintas, mezcladas con otras figuras humanas y geométricas. Por el otro, hay una escena de dos guerreros que están luchando, mientras a sus pies yace un tercero, completamente desnudo, salvo por el casco, y con el pene erecto, representación habitual en el mundo antiguo del vigor a pesar de la muerte. Pero, lo que es más importante, alrededor de los guerreros, por todo el borde, aparece escrito un abecedario, uno de los más antiguos en escritura paleohispánica. Parece tratarse de una tablilla de bocetos de trabajo de un artesano o un artista, pues tiene incluso líneas guía, es decir, el espacio está cuadriculado para dibujar.

Vista aérea del yacimiento del Turuñuelo de Guareña (Badajoz) en 2018.CSIC-IAM

Un edificio monumental: “Es verdad que van apareciendo cosas extraordinarias, pero siempre que nos preguntan decimos que la verdadera joya del yacimiento es la arquitectura”, dice Celestino. Se trata de un edificio de hace 2.500 años que conserva en pie sus dos plantas constructivas, lo que lo convierten en un ejemplo único de la arquitectura protohistórica del suroeste peninsular. A una estructura misteriosa que va dando sorpresas a cada paso que avanza la excavación, se suman elementos constructivos a la altura de los más avanzados de la época en todo el Mediterráneo, como el uso de un mortero de cal y arcilla, fraguado después, claros indicios de una bóveda que cubriría la estancia principal del edificio o el diseño y construcción de un sofisticado sistema de evacuación de aguas que recorre el subsuelo del mismo, toda una obra de ingeniería hidráulica.

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