18 enero, 2026
Este lunes 19 de enero se cumplen cien años del nacimiento de José Alfredo Jiménez, uno de los más grandes compositores mexicanos de música ranchera: un creador prolífico, lleno de inspiración, que contribuyó a la banda sonora de la nostalgia nacional, con canciones clásicas que se interpretan desde el rincón de una cantina hasta las salas de conciertos.
Tú y las nubes, Vámonos, P’a todo el año, Amarga Navidad, El caballo Blanco, La noche de mi mal, Paloma querida, El Rey, La mano de Dios, Cuando sale la luna, entre múltiples canciones de su autoría serán recordadas e intercaladas con anécdotas y reflexiones sobre su vida en una programación especial en Canal Veintidós y Radio Educación. También habrá una muestra documental en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) y la activación, en la Fonoteca, de acervos sonoros con registros y tomas de estudio inéditas.
En el corazón de Dolores Hidalgo, Guanajuato, nació José Alfredo Jiménez el 19 de enero de 1926. Desde niño parodiaba canciones de moda, escribía letras para sus mascotas y, en festejos públicos, solía vestirse de charro.
Fue en 1936, tras la muerte de su padre, Agustín Jiménez, que José Alfredo llegó a la Ciudad de México acompañado por su tía Refugio Sandoval, a un cuarto en la colonia Santa María La Ribera. La necesidad económica lo empujó pronto al trabajo y pasó del delantal de mesero en La Sirena –restaurante de antojitos yucatecos en San Cosme– al escenario.
En 1948 cantó por primera vez en la XEX y, más tarde, en la XEW, acompañado por el trío Los Rebeldes. “De golpe, José Alfredo ofrece una obra, un sentimiento desolado, un sentimentalismo que va del rencor a la autocompasión y de regreso… y un personaje, ese compositor que viene de abajo, toma la letra de sus canciones como órdenes tajantes, y se inspira en el impulso que lo devora”, escribió el escritor Carlos Monsiváis en el ensayo dedicado al compositor: Les diré que llegué de un mundo raro.
Fue el inicio de una larga carrera que lo llevaría a grabar más de 30 álbumes y escribir más de 400 canciones. El compositor guanajuatense saboreó el éxito en todas sus dimensiones: lo mismo en la radio y en los discos que grabó, que en el teatro, en las giras, en el cine y en la televisión.
Sin formación musical académica ni dominio de instrumentos, componía “de silbidito”, y los músicos trasladaban sus melodías a arreglos y luego a partituras. Así, Andrés Huesca y sus Costeños grabaron el 22 de febrero de 1950 el tema Yo para RCA Víctor, señalado como el primer gran éxito de José Alfredo y una determinante entrada a la radio y al gusto del público.
Partituras y memoria documental en la Biblioteca de las Artes
Es la partitura de Yo una de las que conserva el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez (CENIDIM), junto a Cuando sale la luna, Has de pagar y Ella, la primera canción grabada por el propio José Alfredo para la CBS, en junio de 1950, e incluida en la cinta Arrabalera, de Joaquín Pardavé. En 1951 hizo su debut como actor en la película Ahí viene Martín Corona, de Miguel Zacarías, al lado de Pedro Infante.
El ascenso del ídolo se apreciará en el área de Fondos Especiales de la Biblioteca de las Artes, en una exposición que reunirá, entre otros materiales, fotografías en blanco y negro –algunas con marcas editoriales– en las que se observará al compositor en distintos momentos de su vida profesional y también en su vida familiar. Se incluyen, además, programas de mano, cancioneros, discos de acetato de 45 y 78 revoluciones, así como revistas y números especiales dedicados a su figura.
“Tenemos en resguardo una compilación de materiales y documentos de José Alfredo Jiménez que expondremos a partir del 19 de enero de 2026 y hasta el mes de junio en el área de Fondos Especiales de la Biblioteca de las Artes, para que la puedan visitarla de manera gratuita”, explica la encargada de la Coordinación de Documentación del CENIDIM, Patricia Brambila Gómez.
Su inspiración dependía de su entorno; por ejemplo, El jinete, que llegó a su mente cuando presenciaba el paso lento de un caballo en el Desierto de los Leones; o la historia del corrido de El Caballo Blanco, que narra las peripecias de una gira, a principios de los sesenta, en su automóvil Chrysler Imperial 1957, blanco, desde Guadalajara hasta Ensenada, Baja California, en el que sufrió múltiples fallas mecánicas que fueron la base para la legendaria letra sobre el corcel incansable.
Muchas de dichas historias y anécdotas sobre la vida de José Alfredo están registradas y narradas por familiares y amigos en programas de radio y homenajes en distintas épocas; el público las puede consultar en la Fonoteca Nacional, al igual que la totalidad de las canciones en formatos de discos, casetes, cintas de carrete abierto y discos compactos, con múltiples versiones y tomas únicas que amplían la memoria del “hijo del pueblo”.
El investigador del catálogo de música popular de la Fonoteca Nacional, Francisco Eslava, detalla que el resguardo incluye, entre otras joyas, los archivos de los Estudios Churubusco, “con las tomas cinematográficas de las películas en las que José Alfredo participó cantando; además de algunas emisiones radiofónicas donde él mismo canta acompañado por Antonio Bribiesca y el Mariachi Vargas de Tecalitlán. Audios inéditos y grabaciones únicas que no se comercializaron y que solo podrás escuchar en la Fonoteca Nacional”.
