“De niño me perdí en el Estado Azteca y me rescató don Fernando Marcos”: J.M. Servín

02 NOVIEMBRE, 2025

Si algo tienen las crónicas de J. M. Servín (Ciudad de México, 1962) es vitalidad. Ya sean textos alrededor de los resquicios su barrio, ahí por la zona de Bucareli, u otros más personales, el narrador sabe tomar el pulso de su país y de sí mismo a través de las calles, los bajos fondos y la memoria.

A través de una mirada crítica y al mismo tiempo irónica, Servín nos asoma a una ciudad de México cercana a una dimensión desconocida donde todo es posible, pero al mismo tiempo si leemos con atención, nos asoma a la narrativa de un escritor que busca reconstruirse así mismo por medio de su trabajo.

“La mayor parte de mi obra es un intento por hacer una autobiografía. Tengo tantas cosas que quiero contar, decir y expresar como escritor, mexicano y ciudadano, que para mí es un tema inagotable que me permite expresarme tal como lo busco”, reconoce el autor de títulos como Por amor al dólarCuartos para gente sola, D.F. ConfidencialNada que perdonar o Mi vida no tan secreta.

Ahora, Servín tiene nuevo libro Yo soy el Mandrake. Crónicas brutalistas (El salario del Miedo/UANL), donde recupera textos publicados en distintos medios y que de alguna manera dan continuidad a lo que ha hecho durante más de treinta años. Para hablar de esto y varias cosas más, el cronista me cita en uno de los sitios emblemáticos de su zona El café La Habana.

Sí, se publicó con la editorial Oficio de Monterrey, pero solamente salieron cien ejemplares porque murió el editor. El libro quedó volando y la UANL me propuso recuperarlo como un reconocimiento a mí, dijeron. Para esta edición hicimos una pequeña revisión e incluimos un par de crónicas más.

Ahora, eres coeditor a través de tu sello El salario del miedo, ¿cómo llevaste ser tu propio editor?

Es la primera vez que lo hago en mi vida. Me había resistido a hacerlo porque puede ser medio tramposo, pero en este caso fue iniciativa de la UANL.

Algo que me queda claro tras leer el libro es que conoces bien tu barrio.

Cada vez menos porque este barrio se ha transformado a mucha velocidad. En el libro está el testimonio de una parte mi vida aquí, que ha sido muy importante. Pero al mismo tiempo quería mostrar cambios como la gentrificación y la decadencia a un barrio triste y un poco peligroso.

En el libro escribes que en la Ciudad de México la realidad y la ficción son la misma cosa, ¿por qué?

Aquí los límites de la ficción y la realidad son muy difusos. La ciudad es tan compleja, inabarcable y grande, que da lugar para todo, desde la ficción hasta la realidad más absurda.

¿Por qué escribes que aquí fracasó la esperanza?

La esperanza es un concepto que nos han vendido desde que tengo uso de la razón. Ante la esperanza se antepone una realidad dura y cruel. Se que no hay una sola lectura de la realidad, pero me parece que en general campea la tragedia y la desilusión para mucha gente. Esa es mi percepción sobre la ciudad y el país.

Algo de eso lo apuntas en tu texto sobre el terremoto del 2017…

Quienes vivimos aquí somos veteranos de los terremotos. Sabemos lo que es la tragedia y la desesperanza, pero también la solidaridad de la sociedad civil. El terremoto de 2017 fue un recordatorio de lo qué podemos ser en el mejor y el peor sentido.

¿Por qué escribes las crónicas en primera persona?

La crónica es un género periodístico-literario que se presta para la subjetividad de la primera persona. En mi caso, no busco mostrar una realidad panorámica que pueda caer en la objetividad o el mero documento histórico. A través de la primera persona intento dialogar con mi presente, con lo que veo sin pretender decir lo que sucedió tal cual.

Con tu presente, pero también con tu vida porque casi todos los textos están atravesados por anécdotas o recuerdos.

La mayor parte de mi obra es un intento por hacer una autobiografía. Tengo tantas cosas que quiero contar, decir y expresar como escritor, mexicano y ciudadano, que para mí es un tema inagotable que me permite expresarme tal como lo busco. No soy muy bueno ficcionalizando, mi capacidad está en rehacer mi propia realidad bajo mis circunstancias y exigencias personales.

¿Escribir de esta manera te sirve para poner en paz tus demonios o para sanar de alguna manera?

Sí, es mi mirada y una decantación de mis experiencias personales, mis lecturas y de la realidad que vivo. En este sentido, la hemerografía que me proporciona la nota roja como un arte mayor de la crónica, me permite tener una lectura distinta de la historia oficial.

En este sentido, ¿qué representa el texto de El Mandrake?

El Mandrake surgió a partir de una foto de Juan Carlos Ruiz Vargas. Retrató a un asaltante y me pidió que escribiera algo sobre él. Sentí que ese personaje estaba muy dentro de mí y que yo podía dialogar con él, que ya lo conocía de alguna manera por experiencias de vida y mi interés por los bajos fondos. El texto fluyó de una manera natural y al hacerlo desde la subjetividad de la primera persona conseguí meterme no solo en la realidad o mirada de un supuesto asaltante, sino también de muchos mexicanos que compartimos circunstancias extremas. El Mandrake refleja lo que somos los capitalinos, en todos nosotros hay un Mandrake.

Rubem Fonseca tiene su Mandrake, ¿hay un guiño a su trabajo?

Rubem Fonseca me encanta y en todo caso yo me pondría en la línea de su obra “El cobrador”. El Mandrake original era un cómic de un mago que peleaba contra los malosos.

Hay textos escritos desde los recuerdos como el que escribes sobre “El cuate” Calderón, ¿qué relación tienes con la memoria?

Para ese tipo de textos que son evocativos, tomo en cuenta que la memoria es tramposa y no es fiel. Uno recupera de la memoria todo aquello que lo acompaña a lo largo del tiempo por alguna razón que casi siempre es emocional. Creo que llenamos huecos de nuestra vida a partir de lo que evocamos, aunque no sea con la exactitud que podría tener un historiador. Ese texto es una experiencia sensorial y emocional creada con algo que me marcó, y es al mismo tiempo la instantánea de una familia común y corriente en la que todos son Chivas y apuestan su alegría y bienestar a una selección de futbol que ya sabemos que cada cuatro años fracasa. El mexicano siempre le apuesta al perdedor.

¿Sigues siendo Chiva?

Siempre, a morir. Me interesa más lo que le pasa a las Chivas que lo que le pasa a la selección. Soy futbolero desde niño, toda mi familia le va a Chivas, esta es la única cosa que nos une, en todo lo demás estamos en pleito.

Entradas relacionadas

Dejar un Comentario