14 OCTUBRE, 2025
Cinco hermanos abandonados por sus padres se van a vivir con su excéntrica abuela. Juntos se hacen fuerte y aprenden a convivir con sus miedos a fuerza de disolver las barreras entre lo real y lo imaginario.
“Mi abuela dice que el Diablo es como las moscas, que aterrizan encima de ti y que no importa cuánto agites las manos, siempre vuelven”, dice uno de los protagonistas de El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja), una película dirigida por Ernesto Martínez Bucio y coescrita con Karen Plata, que después de obtener reconocimientos en festivales de Hong Kong y Barcelona, se estrena en el Festival Internacional de Cine de Morelia.
¿Cómo nace El diablo fuma?
Ernesto Martínez Bucio: Nace de la escritura de Karen Plata, de una exploración sobre la memoria, sobre vivencias personales y los miedos de la infancia, que se complementa con mis propios miedos y una coescritura que se desarrolló durante varios años. Fui a estudiar un máster a la Elías Querejeta Zine Eskola y mi proyecto fue la reescritura de este guion. Nos pusieron de tutor a Michel Gaztambide, quien nos ayudó a volver al origen y a los primeros tratamientos para conseguir que tuviera sentido y adquiriera mayor potencia. La película es una exploración de las infancias, de una memoria colectiva de los noventa en la que se resignifican los símbolos de esa época.
En tu caso Karen, ¿por qué te interesaba explorar esta parte?
Karen Plata: En realidad empezó como la escritura de una cartita de amor a algo que había perdido pero que todavía me removía mucho. Me interesaba intentar entender, así descubrimos que había miedos, pero también otras cosas que involucraban procesos sociales, religiosos, en fin, muchas casas. De entrada, era una exploración para saber si es posible traducir a lo audiovisual todo lo que hago en poesía.
¿Cómo fue el proceso de esta transición o traducción?
EMB: Primero se hizo desde la escritura y luego desde la conceptualización. Exploramos como funciona la memoria y descubrimos que no es perfecta. Necesitas olvidar para volver recordar. En El País Vasco me regalaron un libro de ensayos que relacionaba el cuento “Funes, el memorioso”, de Borges con un estudio neurológico que apunta que se encontraron células de la memoria donde se genera la imaginación. Al final de cuentas descubrimos que la memoria está fragmentada y que se complementan con la ficción. A partir de esto tomamos decisiones estéticas que nos llevaron a hacer una película fragmentaria, con huecos narrativos que obligan al espectador a utilizar su imaginación para completar aquello que falta. Desde la utilización de lentes más largo hasta el recurso de las elipsis, todo nos ayudó a generar esos huecos que pertenecen más a la poesía.
